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La experimentación animal, el tema del que nadie quiere hablar

Está claro, nadie quiere hablar del tema, y el que suele hablar de él normalmente ni ha sido experimentador ni conoce bien ese entorno, o al menos esa es mi sensación.

De primeras os voy a confirmar, que sí, es cierto que, a día de hoy, no existe ninguna alternativa que nos permita eliminar por completo los animales de experimentación. De momento.

La comunidad científica actualmente está trabajando duramente para desarrollar nuevas herramientas que puedan permitir eliminar al máximo la experimentación animal, pero no es fácil. Debemos pensar que, muchos de los mecanismos, procesos biológicos e información sobre cómo funciona el organismo, son resultado de años de estudio en laboratorios donde se ha utilizado organismos modelos, como el ratón, la rata o el pez. Puede parecerte raro, que para estudiar la diabetes se utilicen ratones, o que para estudiar el dolor y como paliarlo se utilicen ratas, pero realmente son organismos completos con muchas semejanzas al humano, por lo que, para realizar las investigaciones básicas son muy útiles.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, aún existiendo cultivos celulares o incluso pequeños órganos artificiales, el organismo es un conjunto de muchísimos mecanismos y procesos que ocurren a la vez, y todo el proceso de cómo actúa un fármaco, por ejemplo, es necesario estudiarlo en un organismo completo, para saber como se digiere, como se distribuye por todo el cuerpo, a qué órganos puede afectar y como se elimina. Está claro que las conclusiones que se obtienen de los animales de experimentación no son las definitivas, para eso existen los ensayos clínicos, pero sin ellos no se podrían saber las dosis, no se podrían eliminar fármacos que ocasionan graves problemas antes de probarlo en personas, y no se podrían estudiar enfermedades como el cáncer, la diabetes, el Parkinson o la ceguera (por poneros algún ejemplo).

Y ahora entramos en terreno de la ética, porque… ¿Qué es más ético, utilizar animales para el beneficio del humano, o utilizamos humanos directamente? ¿Vale más la vida del humano que la del animal de experimentación? ¿No deberíamos tener los mismos derechos como seres vivos? Esto no lo opino yo, esto son las preguntas que suelen aparecer cuando se habla de este tema, y yo en muchas ocasiones, ni sé contestar, porque también soy amante de los animales y entro en un conflicto ético, donde, estoy segura, muchos experimentadores animales como yo lo fui, también lo han sentido.

Mi experiencia, para ser sincera, fue bastante dura personalmente, y eso que mis animales prácticamente ni se enteraban. Por cierto, para ser experimentador animal tienes que tener tu título como tal certificado oficialmente, si no, no los puedes ni tocar.

Para mi tesis (sin acabar) utilicé ratones viejecitos a los que les hacíamos pruebas de glucosa (como cuando nos medimos el azúcar en sangre con el glucómetro) y les inyectábamos insulina (igual que se la inyecta una persona con diabetes). Eso es lo más grave que le he llegado a hacer a un ratón consciente y vivo. Procesos totalmente rutinarios y es lo más sencillo y común que podemos encontrar. Luego llegaba el momento de sacrificarlos, y ahí es donde peor lo pasaba. Primero se deben anestesiar para que no se enteren y luego, sacrificarlos una vez dormidos para poder extraerle los órganos y estudiarlos a microscopio o con cualquier otro procedimiento experimental.

Lloré mucho las primeras semanas, no me veía capaz. No sufrían, pero si que le arrebataba la vida a mi voluntad (bueno, en realidad me mandaban a hacerlo), y por mi cabeza se pasaban pensamientos como “¿Es realmente necesario? ¿Mis resultados serán relevantes para que puedan servir para algo estos sacrificios? ¿Es ético hacer esto para yo poder sacarme la tesis?” Y estoy segura que no soy la única a la que alguna vez se le ha pasado esto por la cabeza.

Porque sí, sabes que es necesario, que no hay otra forma de hacerlo, la ciencia se hace así y es como se consiguen los fármacos, los estudios importantes,  generar conocimiento para que la sociedad avance… Pero eso no quita que psicológicamente sea duro para muchos de nosotros tener que hacer ciertos procedimientos. Por eso quería hablar sobre el papel del experimentador, siempre visto como el asesino o el científico sin corazón que “asesina” animales y los hace sufrir.

Los científicos y científicas de este país, y de muchos otros, estamos comprometidos con la ciencia y con nuestro entorno. Amamos la naturaleza y nos fascina la ciencia que hay en cada rincón, incluidos los animales. Todos trabajamos para intentar utilizar el mínimo posible de animales, que ellos sufran lo mínimo posible e intentamos reemplazar experimentos con animales por otras alternativas que nos puedan ofrecer las nuevas tecnologías. Esto se conoce como el principio de las tres R: reducir, reemplazar y refinar.

Reducir al máximo posible, que la estadística y el estudio lo permita, el número de animales que tenemos que utilizar en un procedimiento. De esto también se encargan los comités reguladores de cada entidad pública donde se cuenta cada animal utilizado y donde se limitan, con el fin de que cada animal se utilice con un objetivo claro y no se “malgaste” ni un solo ser vivo.

También se buscan métodos que ayuden a reemplazar o eviten los procedimientos donde se utilicen animales, con técnicas novedosas o nuevas tecnologías, que nos permitan simular un organismo vivo o experimentos previos que nos permitan reducir, en el siguiente paso, el número de animales. Por ejemplo, si tenemos varios fármacos candidatos para eliminar el dolor crónico, puedo hacer una simulación utilizando la bioinformática para descartar aquellos que tengan menos posibilidades, y así, reducimos el número de animales con los que probarlos, utilizando solo los más prometedores.

Por último, también se debe refinar, lo que se refiere a intentar utilizar métodos que minimicen al máximo el sufrimiento o el dolor del animal, para promover su bienestar. Por ejemplo, cuando se sacrifican animales como ratones, que son sensibles a estímulos externos, se hace lejos de las jaulas donde no puedan oler o escuchar, cosa que dudo mucho que, en los mataderos, por ejemplo, se haga.

El que diga que en experimentación animal los animales no sufren nada, te miente. Y esto es así. Los animales sufren, está claro. Solo con cogerlos para sacarles sangre sufren estrés y notan el pinchazo de sacarles sangre, por ejemplo, y es el procedimiento más sencillo que puedes encontrar. Existen procedimientos que consisten en provocar una enfermedad de la que luego se buscan fármacos para tratarla, como un cáncer, un párkinson o una diabetes, o también en operarlos e implantarles alguna prótesis o órgano artificial. Durante esa enfermedad, o el postoperatorio, el animal sufre, y negarlo es totalmente absurdo.

Pero bien, por un lado, está el sufrimiento intrínseco del procedimiento experimental, y por otro lado está el sufrimiento innecesario que se le provoca por mala praxis. No utilizar sedantes, no atenderlos cuando sufren una complicación, mantenerlos en malas condiciones de higiene y alimentación, no cumplir con los reglamentos, no disponer de veterinarios que puedan atenderlos adecuadamente, etc. ¿Y esto ocurre? Seguramente ocurra, de manera muy anecdótica, igual que hay restaurantes que no cumplen las medidas higiénicas, también habrá laboratorios en todo el mundo donde no cumplan las medidas de experimentación animal, pero esto no quiere decir que se haga mal siempre.

Y de esto quería hablar, sobre cuál es la legislación que existe, a día de hoy, a nivel europeo, con respecto a la experimentación animal.

Lo primero de todo, como ya he dicho, todas las personas que trabajen con animales de experimentación deben tener su título como experimentador animal, del cuál existen varios niveles: el de solo cuidado, el de realizar procedimientos experimentales, y el que también permite dirigir y diseñar experimentos con animales. Cada nivel requiere distintos requisitos, y en todos los casos existe un módulo de prácticas donde te enseñan a trabajar con animales, de todo tipo, en función de la especialidad que elijas.

Por otro lado, cuando existe experimentación animal en grupos de investigación, siempre habrá cerca un animalario. Son lugares exclusivos para los animales, donde trabajan veterinarios y cuidadores experimentados, y mantienen a los animales en las condiciones óptimas de temperatura, espacio, alimentación y bien estar. Son los que se encargan de supervisar todos los procedimientos que se realizan, controlan el número de animales utilizados en los procedimientos, vigilan si hay complicaciones en ciertos animales… En resumen, velan por el bienestar del animal de experimentación en todos sus aspectos.

Luego, en las propias entidades públicas, como las universidades o los centros de investigación, existen comités éticos por los que tienen que pasar todos los proyectos de investigación que conlleven experimentación animal. Desde el comité se regula la cantidad de animales, los tipos de procedimientos que se realizan, el personal que lo va a realizar, los objetivos de la investigación y se aseguran que se cumplan todos los requisitos necesarios para un correcto manejo y mantenimiento de los animales. Suelen ser muy estrictos y controlar muy bien todo el proceso, desde que nacen los animales hasta que se sacrifican. Los investigadores nunca van por libre, ni tienen libertad absoluta sobre lo que hacen.

No voy a entrar en decretos y leyes concretas, pero las podéis encontrar en internet fácilmente si os interesa. Lo que vengo a decir es que es un mundo muy controlado y vigilado de cerca, que vela por el bienestar animal. Ahora mismo, cada pastilla que tomas, cada tratamiento que salva una vida en el hospital, o cada vacuna que erradica una enfermedad es gracias a la experimentación animal.

Sin ella, la mayoría de todas estas cosas habría sido imposible, porque a día de hoy, no existen herramientas que reemplacen un animal completo, ni la comunidad científica sabe todos los detalles de cada organismo para poder reproducirlos en un ordenador o en un animal artificial. Pero cada día la ciencia avanza, y estoy segura que es cuestión de tiempo que aparezcan nuevos métodos que consigan reemplazar a los animales y nos permitan seguir salvando vidas humanas, porque debe ser así. Se debe buscar el bien común, tanto de animales, de personas como de nuestro medio ambiente, siempre. Pero de momento, no lo digo yo, es la realidad, no puede existir la biomedicina sin animales de experimentación.

6 comentarios

  1. Aunque este tema, como dices, plantea un duro debate ético, conocer de forma más detallada cómo funciona este tema, me aporta un poco más de tranquilidad.

    Gracias por lo que haces!

  2. Muy buen artículo. Perfectamente explicado.
    Y es que es así. Sin experimentación con animales no existirían todos los medicamentos y vacunas que tenemos hoy en día.

  3. Totalmente de acuerdo con el post. Yo soy bióloga y llevo media vida batallando con la gente que dice que no se puede matar así animales, que mejor en humanos que somos los que los vamos a aprovechar. Y no hay mejor manera de verlo que como lo dices tú. Actualmente, la experimentación animal es absolutamente necesaria. Claro que cuanto menos sufra el animal, mejor. Pero a veces es inevitable para el avance de la ciencia.

  4. Me parece muy muy interesante el artículo, porqué la sociedad nos solemos situar en dos bandos antagónicos respecto a este tema, o bien juzgamos y pensamos que se aniquilan a los animales sin sentido, o bien solemos obviar la experimentación animal por el desagrado que nos produce (me suelo situar en este bando) Reconocer la experimentación animal y ponerla en valor es también reconocer el papel que juegan estos seres vivos en los avances médicos, de los que todos nos beneficiamos. Y ojalá, como dices al final, la ciencia (y las inversiones) avance y en un tiempo la experimentación con animales sea un procedimiento anticuado.
    Por cierto que tu manera de transmitir y comunicar chapó.

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